Un poema de Diego Ávila

Vuelan la gaviotas,

alto,

las miramos desde abajo;

-¡qué espectáculo!

Nos maravillamos

pensando

en la grandeza de

Dios,

ya sabéis,

el Creador del Cielo y de la Tierra.

Miramos a las gaviotas

volar

y ellas

en respuesta

nos cagan en los ojos

y

en la boca

y

en el alma.

Diego Ávila, de su libro No profanar el sueño de los versos

(editorial Poesía eres tú, 2009)

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Un poema de Juan Eduardo Cirlot

Triste, mi corazón, como los ángeles…

Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.

Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.

Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.

 

Juan Eduardo Cirlot