Berberecho derrotado

SONRISA CUÁNTICA

Sonrisa cuántica
tristeza fractal
caricias geométricas
y mi corazón poligonero
comiendo cristal
a ritmo de reggaeton

Un millón de amantes
comparten hamburguesas
en el McDonalds del barrio
y de nuevo tu sonrisa cuántica
me dice que no podremos
comernos las estrellas
y menos una a una
como habíamos planeado.

Calor seco y nauseabundo
arropando cuerpos
en un centro comercial
de cualquier extrarradio
y nuestras sonrisas cuánticas
chocan una y otra vez
provocando un siniestro total
en todos los vehículos emancipados.

El extintor


 

El extintor ahora,

se ha vuelto imperdonable

Justo en el momento

en el que fleté un barco

para tratar de alcanzarte.

 

Voy tan detrás siempre.

Tras el cierre obligado

de todas las puertas.

Tras el apagado cadencioso

de las bombillas

de bajo consumo.

 

No, es verdad,

ahora ya no consumo.

 

Nuestro extintor inabarcable

de reducido interés.

Nuestro extintor inacabado

de rojo desprestigio.

Nuestro extintor imperdonable

de frío tacto.

 

Sabes tantos secretos

como los extintores de las esquinas

No es demasiado pedir

otro incendio incondicional

o tal vez

algo de suelto para un café.

 

Ojos de berberecho

A Juan Eduardo Cirlot

Ondea ahora la bandera
cerca de mis ojos
que escuchan los ecos
de la menta.

Ondea la triste bandera
con mis ojos cercenados
por ese par de muslos
que asoman en el balcón

Ondea la joven bandera
a la vez que golpea mis ojos
de piano, en blanco y negro
con escala manca sostenida.

Ondea la bandera
clavada en mis ojos de selva
marcando mis ojos esclavos
ocupa mis ojos de ceniza
moldea mis ojos plagiados.

Ondean mis ojos
sin bandera en las entrañas.

La gracilidad del elefante

El elefante se ha tornado
casi mísitco.
Recoge ideas
con su trompa
de las cabezas mutiladas
sorbiendo de ellas y
metiéndolas en su boca triangular.

Recolecta, así, algo que jamás tuvo.

El elefante levita
con gracilidad
alrededor de las cabezas alineadas
que cuecen ideas sin parar.

Pero bueno ¿tú cuando has visto un elefante levitar?

Mapache

Ese señor lleva un mapache en su cabeza
que le tape las sonrisas huecas
y las ramas de todas las palabras verdes.
Calienta las sonrisas
y acapara los aspavientos
atraídos tal vez por la playa
de recuerdos perdidos
en la séptima calle a la derecha.

Molinos de ejes peludos
perdidos por trayectorias
opacas y mates como
los libros sin material.

Tapar los reflejos
y los fríos que el ajedrez
dejó al terminar.

Ese señor lleva un mapache en la cabeza
y cada día que pase
me seguiré preguntando
como hace para darle de comer.

C

Con las orejas llenas de luna
aunque esté mal que yo lo diga,
pero están repletas
y tu amigo, al lado,
espera a que revienten tus venas.

No voy a dejar que le des ese placer.

Tomas sus manos
y se te antojan aún
más opacas,
vuelves la vista
hasta engancharte
con mis ojos.
No quedan lágrimas
en los soñadores
como tú.
Sólo queda violencia
como la de los tomates
cuando dejan que les arrojes
contra el suelo.

Mientras yo, tu amigo, sigo
a la espera de que reinventes tus venas
o a que me prestes un poco de luna.