El texto que leí ayer en la presentación de mi libro “Las derrotas”

Eso que como ayer faltó mucha gente con la que me hubiera compartir un rato, les dejo aquí el texto que ´me preparé el pasado martes y que leí ante el público el miércoles 13 en la presentación de “Las derrotas”.

Las Derrotas.

 

Carlos Salem ayer, en la Jam de Los diablos, decía que éste era un libro autobiográfico,. Supongo que llevado por el posible pesimismo que transmite el título.

Porque, sí, debo reconocer que suena pesimista y que cualquiera que se asome a él lo hará pensando en que el libro solo va a transmitir  malas vibraciones.

No es el caso. Se lo aseguro. Al menos no ha sido nunca el objetivo al ser escrito. Tampoco es un libro autobiográfico. Ni mucho menos. De hecho creo que es el libro menos autobiográfico que he escrito hasta el momento. Aunque, sí, hay momentos autobiográficos, pero donde menos se lo espera el lector, creo.

Vamos a empezar por uno de los capítulos que parecen más triste “La derrota de la soledad”. En realidad debería ser el más alegre, porque en él lo que se trata es de describir esa derrota de la soledad que es el amor, el correspondido, por supuesto, porque el otro es una putada, francamente. No hay nada mejor que derrotar a la soledad, en el concepto más absoluto de la soledad. No en buscar la soledad de vez en cuanto para encontrarse a si mismo y todos esos putos rollos, no. Me refiero a sentirte solo, absolutamente solo. Yo siempre le he tenido terror a la soledad y siempre he dicho, mis amigos más antiguos podrán confirmarlo, que me gustaría ser millonario para poder comprar amigos si algún día me quedo sin ellos. Cualquier cosa por no sentirme solo. Hasta el momento tengo la inmensa suerte de no haber tenido que recurrir a atracar un banco para poder comprar amigos, porque millonario no soy. El caso es que este capítulo trata de hacer ver mi posición ante la derrota de la soledad, desde el punto de vista poético por excelencia: el amor.

Q

 

Que raro se me hace

verte desnuda

escondida tras ese músculo

ahora atrofiado.

 

Cuantas noches

en vela

en busca de salvación

y al final

lo dejaste morir.

 

Abandonar cada noche

de la forma más delicada

un zapato, aunque

no fuera de cristal.

 

Pobre Ceniciento de ojos pardos.

 

He bloqueado el acceso

a mi memoria intermedia

para no volver a caer

en planificaciones

de rescate vano,

en operaciones

para dar luz

a quien nunca

quiso ser visto.

 

Apaga ya esa sirena

aún no sabes

que aquí,

nadie ha venido a verte.

 

 

Ta

Tarta

Tartamudear

por cada recuerdo

sucio que me acompaña

cuando me asomo al foso de los ascensores

y siempre echar de menos cada una de tus tetas

 

Ta

Tarta

Tartamudear

por estar ciego

cuando me llamabas

sentada en la repisa de mis balcones

y no sentir tus respiraciones detrás de cada una de mis orejas

 

Ta

Tarta

Tartamudear

por no saber guardar

el olor de tus abrigos

sobre todo en esos veranos locos

y mirar siempre atrás cuando me robabas cada uno de mis labios

 

Ta

Tarta

Tartamudear

porque ayer se acabó el peligro

cuando dejé de saber como recordarte

y callar es solo uno mis muchos daños colaterales.

Dos momentos muy distintos del amor, pero ambos derrota de la soledad. Y ahora que hablamos de amor, cuando le pasé el libro a Rodrigo, éste era mucho más largo. Casi el doble de poemas. Pero lo primero que me dijo Rodrigo, tan serio como él se pone cuando habla serio, “Pero no pienso ilustrar todos los poemas, algunos son una mierda, así que solo publicaremos e ilustraré aquellos que me gusten”. Estaba en lo cierto. El libro, tras su criba y posterior negociación por incluir algunos que a mi me gustaban y que creía que debían ir dentro para darle sentido al libro, éste ha mejorado. Sin lugar a dudas.

A Rodrigo le espantaba el rollo de poeta íntimo y enamoradizo lleno de problemas y que habla muy profundo, casi hondo. Muchos de los poemas que han sido “derrotados” son así. Particularmente no creo que sean peores, simplemente si queríamos hacer un libro a medias, ambos debíamos consensuar el contenido del mismo y pienso que hemos conseguido un equilibrio muy, muy bueno.

Seguimos con derrotas.

Otro capítulo no catastrofista es el de las derrotas  de la ciudad. Originalmente creado para hacer un videolibro a medias con el poeta Carlos de la Cruz en el que ambos hablábamos acerca de dos ciudades: Mexico D.F. y Madrid.

Asfalto

 

El asfalto

como trágica expresión

de la perenne derrota

de los caminantes.

 

Tengo cinco balas sin estrenar

en el revolver que

guardo en el bolsillo derecho

de mi chaqueta de tweed.

 

Tan lejos de las olas y el salitre.

Tan próximo a la soledad absoluta.

 

Miles de teléfonos móviles

clamando atención

marcan el paso de la ciudad.

 

Miles de cerebros móviles

clamando amor

encuentran sexo al caer el sol.

 

Madrid está sediento a todas horas.

Madrid aprende de la opulencia.

 

El asfalto

como lengua infinita

de la ciudad castrada

de dignidad y ética.

 

Tengo cinco balas sin estrenar

esperando en el tambor

de mi revolver

y aún no sé contra qué usarlas.

 

El proyecto de video libro al final no ha llegado a su fin, aún, pero los poemas los rescaté y en ellos hay hasta una ranchera.

 

Tenemos un capítulo que muchos dirán que a qué coño viene. Hablo de la derrota de los berberechos. Bueno.  Quizás haya que poner en precedentes a la gente, porque uno no es poeta multitudinario precisamente. Mi primer libro de poemas se llamó “Poemas para berberechos”. La gente, no mucha, me preguntaba que por qué y la respuesta era sencilla. La gente al leer mis poemas me dice que le gustan, pero que son muy raros. En mi curro había un tío que tenía una cara muy rara. Al tipo, por su cara rara, le llamábamos el berberecho. Poemas raros=  poemas berberechos. Mis poemas son berberechos. Escribo berberechos. Eso es todo. Una tontá como pueden ver. El caso es que en mis siguientes libros, la gente que me lee suelen decirme que lo que más le gusta son mis berberechos y que lo demás está bien,  pero menos. Bueno, este capítulo es la derrota de los berberechos ¿y qué cuento? Los berberechos son para mi como las cañas, algo cotidiano. Los venden en Mercadona, te los ponen de aperitivo en los bares… Esta sección es la derrota de lo cotidiano, algo para mi  que es una obsesión. Si no fíjense en este poema del primer libro, gracias al altísimo, inédito  “Poemas de un amor neonato”

 

Cotidiano,

cotidiano,

cotidiano,

cotidiano,

cotidiano.

 

Amor cotidiano.

 

Cotidiano,

cotidiano,

cotidiano,

cotidiano,

cotidiano.

 

Corazón cotidiano.

 

Cotidiano,

cotidiano,

cotidiano,

cotidiano,

cotidiano.

 

Besos cotidianos aplacando odios cotidianos.

Caricias cotidianas creando excepciones cotidianas.

Labios cotidianos que no paran de aprender a amarte.

Mimos cotidianos llevándose rutinas cotidianas.

Hoy, cariño cotidiano. 

Mañana, recorreré los miles de laberintos cotidianos 

para llegar de nuevo a tu corazón cotidiano.

 

El poema, es cursi y mediocre como él solo, pero muestra claramente mi pavor por lo cotidiano, por caer en la cotidianeidad. Eso son mis berberechos, mostrar la cotidianeidad de otra forma.

 

Ese señor lleva un mapache en su cabeza

que le cubra las sonrisas huecas

y las ramas de todas las palabras verdes.

 

Calienta las miradas,

acapara los aspavientos

atraídos tal vez por la playa

de recuerdos perdidos

en la séptima calle a la derecha.

 

Molinos de ejes peludos

perdidos por trayectorias

opacas y mates como

los libros sin material.

 

Tapar los reflejos

y los fríos que el ajedrez

dejó al terminar.

 

Ese señor lleva un mapache en la cabeza

y cada día que pase

me seguiré preguntando

como hace para darle de comer.

 

Porque si algo me asusta más que la soledad quizás sea la cotidianeidad y no poder romperla, no poder escapar de ella nunca.

 

Lo nunca

 

Adorno con balas de plata

lo vacío.

Pero como si no se notara,

con la tranquilidad de

lo nunca.

 

Siempre quedarán pequeños rastros,

lo oculto.

Como caricias en el rostro,

lo verdadero.

 

Baja la pauta del credo,

lo falaz.

Pero como si no se notara,

con la persistencia de

lo nunca.

 

Siempre perderemos las letras al cambio,

lo falso.

Como las palabras de viento,

lo bello.

 

Tenemos mal puestas las librerías,

lo simple.

Pero como si no se notara,

con la pasividad de

lo nunca.

 

Hemos hablado de amor, de soledad, de cotidianeidad y por supuesto debemos hablar de sexo. La derrota del sexo. El sexo me encanta. Mucho. De verdad. Y las mujeres. Las mujeres me parecen seres maravillosos. Pero hay algo que me sorprende y que no es un órgano sexual y sin embargo cada vez que hablamos de ello, lo relacionamos directamente con el sexo. Como decía, ni siquierea es un órgano sexual. Son las tetas. Lo más sorprendente es que si hablamos de tetas no pensamos en el hombre, según decimos TE-TAS pensamos en mujeres. Es así. Pese a que los hombres tenemos el mismo número de tetas que las mujeres, pese a que como decía, las tetas no son órganos sexuales sino que sirven para amamantar a las crías. Recuerdo una película que se llamaba Birdy y en ella había un adolescente americano que calificaba a las tetas femeninas de glándulas mamarias hiperdesarrolladas y le sorprendía por qué a su amigo le gustaban tanto. Debo dejar claros dos puntos:

 

1-     las glándulas mamarias de las mujeres son como deben ser unas glándulas mamarias. Son las glándulas mamarias de los hombre las que están atrofiadas.

2-     Me gustan las tetas de las mujeres, mucho.

 

Tócame una teta

que a los hombres nos gusta

aunque nuestras glándulas mamarias

estén atrofiadas.

 

Por favor,

tócame una teta

con una oreja y

descubre que por dentro

estoy hecho de viento.

 

Tócame una teta e

introduce tus dedos

en mis espacios intercostales,

sin miedo.

 

Arranca de ellos

mis entrañas y

apriétalas hasta que

la sangre supere

la frontera de los dedos y

poco a poco llegue al

límite que marcan tus codos.

 

 

Aunque también he querido describir el momento en el que una parte de la pareja pierde el interés por la parte más sexual de la otra parte.

 

Tus tetas

ya no me miran.

Es así.

Las observo pero

ya no me miran.

Y yo me siento despreciado

y mis genitales se niegan a

componer campanario de catedral,

sólo porque tus tetas

ya no me miran.

 

No se por qué ahora

se me antojan estrábicas

de amor

y mis genitales lloran

y desde luego no de la forma

que yo quisiera.

 

Me embriago con tus tetas

me embriago con mis tetas

que para mi asombro

cuando me enfrento a un espejo

no paran de mirarme.

 

El estrabismo de tus tetas

me empuja al onanismo.

 

Pero dejemos el sexo para esos momentos de soledad, deseados o no, y continuemos con más derrotas.

La derrota de la luz. Son una serie de poemas dedicados a uno de mis héroes de la fotografía y es una parte del libro que sirve de puente con mi próximo libro en el que estoy construyendo poemas con terminología y conceptos de físicas cuántica y física “clásica”. La derrota de la luz está dedicado Muybridge un fotógrafo de principios del siglo XX y que con sus estudios contribuyó de forma  definitiva a la creación del cine y sobre todo a la creación de los dibujos animados. La idea de estos poemas de física es que la gente se interese por saber quién era Muybridge y haga una búsqueda en Google sobre él o que se interese por saber que es una enana marrón. Muybridge fue un personaje que creó varios inventos para poder fotografiar el movimiento de animales. Comenzó con el galope de un caballo (por una apuesta del gobernador del estado en el que vivía en la que éste decía que había un momento en el galope del caballo en el que el animal no tenía las pezuñas en la tierra y alguien apostaba a lo contrario y contrató a Muybridge para demostrarlo), a partir de ahí se dedicó a hacer series de fotos sobre atletas de la pértiga, de saltos de longitud, del caminar de un elefante, etc. Inventó un pasillo repleto de cámaras que estaba cruzado por unas cuerdas y el sujeto de estudio al romperlas, hacía que las cámaras se dispararan realizando las fotos. U2 en su video de la canción Lemon hicieron un homenaje al trabajo de Muybridge. Además la vida de Muybridge fue muy “ajetreada”. Se casó con  una mujer muy joven a la que apenas veía por estar continuamente viajando y con la que tuvo un hijo. La mujer se cansó de estar sola y le puso los cuernos. Cuando Muybridge se enteró hizo una recepción en su casa, invitó al amante y le pegó dos tiros. Luego se sentó en su mecedora y esperó a la policía mientras fumaba una pipa. Fue absuelto por daños al honor. Otro dato, era sordo.

 

Salto de longitud

 

El aire corre

entre las piernas del hombre

los músculos ahora contraídos,

luego extendidos,

el vuelo corto

y permanente

los músculos ahora extendidos,

luego contraídos,

el descenso

también infinito

y el fondo siempre

negro tatuado de

cuadros blancos.

 

La mujer y el niño

 

Desnudos, despreocupados

sonríen al tiempo que juegan

y en él el silencio

ni siquiera los click

de los instantes plasmados

sólo el silencio

y después la rabia

del engaño

del honor quebrado

aunque las balas

hicieran de falso detergente

y éstas tampoco

hicieran ruido.

 

Finalmente está la derrota de los caminos. Esta es la parte más social. La de denuncia. La que quizás sea más difícil de defender como optimista y más tal y como están las cosas. Pero no trato de aleccionar, sino mostrar como veo yo las realidades que nos rodean respecto a la parte política y social. No soy yo quién para erigirme, como si fuese un Sánchez Dragó cualquiera, con la verdad absoluta sobretodo. Pero sí creo que como escritor debo mostrar mis ideas y mi posición sobre lo que ocurre a mi alrededor y denunciar aquello que me rodea y que no me gusta. Por eso creo que los caminos marcan mucho tanto por lo que unen como por lo que separan a personas y que en muchas ocasiones si derrotamos esos caminos, habremos ganado en crear otros mucho más cómodos de recorrer.

 

Ojos

 

Le han sacado los ojos

como si fuera un cajero automático.

Ahora sangra, obvio.

Ahora sangra, como las farolas

en los días de tormenta.

Ahora sangra, sin detenerse

sólo sangra para ser, sólo ser.

 

Sus cuencas se iluminan

de marchitos musgos que

cabalgan contra el reposo,

contra los olvidos impuestos,

contra los intereses a la vida por ciento,

contra los golpes a las sonrisas concéntricas,

contra los depósitos de corto plazo,

contra las penas y capitales,

contra las sangres.

 

Le han sacado los ojos

para evitar que construya bastiones

desde los que programar

credos proscritos,

borracheras molestas,

descontroladas fugas,

 

que no puedan ser soportadas

por los guardianes de caducas éticas.

 

Asco de cegueras bien vistas.

 

 

 

Y es todo, solo espero que este libro les guste ya que Rodrigo y yo hemos puesto en él  mucho entusiasmo, cariño y horas de trabajo.

 

Para despedirme algo que más que un poema es una arenga y que quiero que sirva de colofón a esta noche.

 

DIMITO

 

Hoy señoras, señores

dimito

y lo hago solo

por coherencia con

mis propios fracasos.

Por juntar palabras

en vez de hechos.

Por tener hechos

solo los adverbios.

Por escupir versos

contra el cielo.

Sí también dimito

por eso.

 

Dimito por haber

dejado que los CAMPoS

de malas yerbas

medren sin miedo.

Por haber creado

esperanza

y aquí reconozco

que era falsa.

Es triste, sí y dimito

por eso.

 

Dimito por haber parido

a Paris Hilton,

por haber visto

su coño en una pantalla,

por no ser capaz

de apartar la vista

y por el contrario,

hacerlo siempre

en el último telediario.

Aunque me de vergüenza decirlo,

también por eso

dimito.

 

Dimito porque

el camaleón de nuevo

se comió a la polilla.

Porque las religiones

me reprimen aunque no

las profese,

porque a Dios nadie

quiso escucharle

cuando hace tiempo dijo

“Yo dimito”.

 

Dimito por las infraestructuras

y por las estructuras

y por las faltas de culturas

y por la ausencia de corduras

 

y por todas la causas puras

también dimito.

 

Dimito

porque ya no me queda amor

ni en las pelotas.

Dimito

 

Dimito

porque ya no me queda vergüenza

ni en las yemas de mis dedos.

Dimito

 

Dimito

 

Dimito porque mi chaqueta

del traje gris

transforma mi manera de reírme.

Porque mi corbata

oprime todas mis palabras.

Porque mi camisa blanca

abotona mi vergüenza.

Dimito, claro,

por eso.

 

Dimito

porque peso 100 kilos.

Porque en África aún

 

la infancia crece raquítica.

Porque un día tatué

una calavera en mi

espalda yerma

y porque el

desierto se siembra

todos los días con ellas.

Porque mis lágrimas

no las harán desaparecer,

dimito.

 

Dimito

porque no tengo

ni puta idea

de donde está Bielorrusia

y porque en Bielorrusia

tampoco saben donde está España.

También dimito,

También,

por algo como eso.

 

Dimito

porque no soy capaz

de decidir.

Porque me ahogan

sus cuerdas.

Porque sus derechos

me aplastan

 

y creo que tengo derecho

a no ser aplastado.

Porque he fracasado

en mejorar todo esto

y ahora tendrá que ser

Superman quien lo arregle.

Por incapaz, dimito.

 

Dimito

porque la guerra cotiza en bolsa

porque el proxenetismo cotiza en bolsa

porque la esclavitud cotiza en bolsa

porque la represión cotiza en bolsa

porque la mentira cotiza en bolsa

porque el paro cotiza en bolsa

porque Dios cotiza en bolsa

porque la pederastia cotiza en bolsa

porque el hambre cotiza en bolsa

porque la sed cotiza en bolsa

porque la violación cotiza en bolsa

 

porque no dimiten,

yo

dimito.

Un pensamiento en “El texto que leí ayer en la presentación de mi libro “Las derrotas”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s