Señoras, señores

hoy comienza un nuevo hito en todo esto que me rodea. Sí, porque hoy termina un ciclo y comienza otro que, aunque será corto, estoy convencido será muy satisfactorio. Sí, quiero agradecer desde aquí a mis padres la oportunidad que me dieron de vivirlo al haberme concevido, a mis hermanos por haberme acompañado hasta aquí, a mi reina por mantenerse siempre a mi lado, a todos mis amigos y amigas tanto si están ahora como si estuvieron en algún momento y por supuesto a mi hijo, a Superman con el que este nuevo período será más enriquecedor.

 
Sí, señoras y señores: HOY, a partir de las 18:30 horas, COMIENZAN MIS VACACIONES DE INVIERNO

Un poema de Diego Ávila

Vuelan la gaviotas,

alto,

las miramos desde abajo;

-¡qué espectáculo!

Nos maravillamos

pensando

en la grandeza de

Dios,

ya sabéis,

el Creador del Cielo y de la Tierra.

Miramos a las gaviotas

volar

y ellas

en respuesta

nos cagan en los ojos

y

en la boca

y

en el alma.

Diego Ávila, de su libro No profanar el sueño de los versos

(editorial Poesía eres tú, 2009)

Tócame

Tócame una teta
que a los hombres nos gusta
aunque nuestras glándulas mamarias
estén atrofiadas.

Por favor,
tócame una teta
con una oreja y
descubre que por dentro
estoy hecho de viento.

Tócame una teta e
introduce tus dedos
en mis espacios intercosatales,
sin miedo.

Arranca de ellos
mis entrañas y
apriétalas hasta que la sangre supere
la frontera de los dedos y
poco a poco llegue hasta tus codos.

Entonces
por favor
de nuevo
tócame una teta.

Ojos de berberecho

A Juan Eduardo Cirlot

Ondea ahora la bandera
cerca de mis ojos
que escuchan los ecos
de la menta.

Ondea la triste bandera
con mis ojos cercenados
por ese par de muslos
que asoman en el balcón

Ondea la joven bandera
a la vez que golpea mis ojos
de piano, en blanco y negro
con escala manca sostenida.

Ondea la bandera
clavada en mis ojos de selva
marcando mis ojos esclavos
ocupa mis ojos de ceniza
moldea mis ojos plagiados.

Ondean mis ojos
sin bandera en las entrañas.

Un poema de Juan Eduardo Cirlot

Triste, mi corazón, como los ángeles…

Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.

Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.

Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.

 

Juan Eduardo Cirlot