C

Con las orejas llenas de luna
aunque esté mal que yo lo diga,
pero están repletas
y tu amigo, al lado,
espera a que revienten tus venas.

No voy a dejar que le des ese placer.

Tomas sus manos
y se te antojan aún
más opacas,
vuelves la vista
hasta engancharte
con mis ojos.
No quedan lágrimas
en los soñadores
como tú.
Sólo queda violencia
como la de los tomates
cuando dejan que les arrojes
contra el suelo.

Mientras yo, tu amigo, sigo
a la espera de que reinventes tus venas
o a que me prestes un poco de luna.

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